Una cosecha especial con la calidad y la personalidad de los vinos de Pago de Carraovejas. Pago de Carraovejas celebra su 25 aniversario y la puesta en marcha de sus nuevas instalaciones con el lanzamiento de un nuevo vino con uva de la añada de 2009, una de las mejores de los últimos años en Ribera del Duero. Como el resto de su producción, El Anejón de Cuesta de las Liebres, que sale ahora al mercado, ha sido elaborado manteniendo estrictos criterios de selección de la materia prima y siguiendo procesos naturales, para obtener una esmerada calidad, lo que distingue y prestigia a sus vinos.
Anejón de la Cuesta de las Liebres
Una cosecha especial con la calidad y la personalidad de los vinos de Pago de Carraovejas. Pago de Carraovejas celebra su 25 aniversario y la puesta en marcha de sus nuevas instalaciones con el lanzamiento de un nuevo vino con uva de la añada de 2009, una de las mejores de los últimos años en Ribera del Duero. Como el resto de su producción, El Anejón de Cuesta de las Liebres, que sale ahora al mercado, ha sido elaborado manteniendo estrictos criterios de selección de la materia prima y siguiendo procesos naturales, para obtener una esmerada calidad, lo que distingue y prestigia a sus vinos.
Como novedad en la D.O. la uva de este nuevo vino —que se suma a los de Crianza, Reserva y Cuesta de las Liebres, situándose entre estos dos últimos— se ha desarrollado en plantaciones en terrazas, manteniendo un proceso de elaboración en tinas de roble francés seleccionado y gestionado bajo “Haute Futaie”, con levaduras seleccionadas en la propiedad de Pago de Carraovejas.
Pero también es posible el lanzamiento de El Anejón de Cuesta de las Liebres tras las nuevas instalaciones de la bodega, manteniendo el criterio que guía los valores de la empresa en todos los procesos: no se han realizado nuevas naves para aumentar la producción sino para mejorar la calidad. Ahora consiguen que cada proceso se realice con el máximo mimo, poniendo  atención en todos los pequeños detalles, que al final son los que marcan la diferencia y lo que, en cinco lustros, ha hecho posible situar a la marca entre las primeras de España, lo que es un auténtico privilegio, conquistando y triunfando en un mercado cada vez más especializado y exigente, tanto nacional como extranjero.
No hay quinto malo
La llegada de la cosecha 2009, como una de las más privilegiadas de los últimos años en la Ribera del Duero, el cultivo en terrazas —un sistema de cultivo único en Ribera del Duero— de una parte de la finca de Pago de Carraovejas, para conseguir las mejores condiciones de sol y aire en suelos arcilloso-calcáreos y cuidado exquisito en su manejo  y la incorporación de  tinas de roble francés de grano extrafino, seleccionado especialmente para la bodega —como todas sus barricas— destinadas a las fermentaciones alcohólica y maloláctica, hacen de El Anejón de la Cuesta de las Liebres un vino elegantemente afrutado, carnoso, potente, muy equilibrado, sedoso en su paso por boca, con una presencia láctica inconfundible, complejo en su estructura y de un posgusto cautivador.
El Anejón de Cuesta de las Liebres gozará de la personalidad de los vinos de Pago de Carraovejas, caracterizados por una rigurosa selección de la uva limitando el rendimiento de las cepas.
Y es que esta bodega, ubicada en Peñafiel, a los pies de su histórico castillo, es rigurosa en cuanto a la aplicación de sistemas de control de todo el proceso, desde antes de la plantación a la barrica, controlando el viñedo y el proceso de elaboración, el embotellado y la temperatura hasta la distribución, para lo que está trabajando en varios proyectos de I+D+i.
Si en Ribera del Duero se permiten rendimientos de 7.000 kilos por hectárea, Pago de Carraovejas trabaja en torno a los 3.500 kilos. Desde un “terroir” único con las mejores condiciones para el cultivo de la vid y un manejo de la viña pensado en rendimientos muy bajos para conseguir la máxima calidad, seleccionan al máximo la materia prima, continuando con un cuidado escrupuloso en el proceso de elaboración, siempre por gravedad, la selección exclusiva de los robles para la elaboración y crianza —tanto en las tinas de madera como en las barricas—, y atendiendo y cuidando al máximo el delicado proceso de embotellado —igualmente por gravedad—, sin olvidar la exigencia máxima en las condiciones adecuadas.
Una obra en diez fases
La aventura comenzó cuando el hostelero José María Ruiz Benito apostó por este lugar con el fin de obtener un vino singular para acompañar al plato emblemático de su restaurante, como es su cochinillo, con Marca de garantía Cochinillo de Segovia.
Esta última etapa de ampliación de edificios se ha desarrollado a lo largo de 10 fases, ejecutadas en un 80%, desde 2003, bajo la dirección del estudio Amas4arquitectura con un diseño moderno, la bodega está plenamente adaptada al entorno, tanto para el área de elaboración, como el social y las dependencias de los trabajadores.
Con una inversión aproximada de 30 millones €, más del 50% se ha realizado en las últimas cuatro fases, entre 2008 y 2012, pese a tratarse de épocas complejas por la crisis económica. A falta de ejecutarse las dos últimas, las instalaciones de la bodega suman los 14.000 metros cuadrados, con unas 150 hectáreas de viñedos y una producción en torno a las 800.000 botellas al año.
La previsión de finalización de las obras se sitúa en el año 2014, con la inversión de 3 millones de euros más, para albergar, por una parte, las nuevas salas de crianza en barrica a una sola altura todas ellas y por otra, la gestión de residuos y el punto limpio y configurar toda la zona de gestión agrícola con la misma pulcritud que se trabaja en la bodega.
Asimismo, mantienen el compromiso con el desarrollo de la zona, basándose en criterios de responsabilidad social corporativa y manteniendo 40 empleos fijos que, en temporada, se sitúan en torno al centenar.
Anejón de la Cuesta de las Liebres

Una cosecha especial con la calidad y la personalidad de los vinos de Pago de Carraovejas. Pago de Carraovejas celebra su 25 aniversario y la puesta en marcha de sus nuevas instalaciones con el lanzamiento de un nuevo vino con uva de la añada de 2009, una de las mejores de los últimos años en Ribera del Duero. Como el resto de su producción, El Anejón de Cuesta de las Liebres, que sale ahora al mercado, ha sido elaborado manteniendo estrictos criterios de selección de la materia prima y siguiendo procesos naturales, para obtener una esmerada calidad, lo que distingue y prestigia a sus vinos.

Como novedad en la D.O. la uva de este nuevo vino —que se suma a los de Crianza, Reserva y Cuesta de las Liebres, situándose entre estos dos últimos— se ha desarrollado en plantaciones en terrazas, manteniendo un proceso de elaboración en tinas de roble francés seleccionado y gestionado bajo “Haute Futaie”, con levaduras seleccionadas en la propiedad de Pago de Carraovejas.

Pero también es posible el lanzamiento de El Anejón de Cuesta de las Liebres tras las nuevas instalaciones de la bodega, manteniendo el criterio que guía los valores de la empresa en todos los procesos: no se han realizado nuevas naves para aumentar la producción sino para mejorar la calidad. Ahora consiguen que cada proceso se realice con el máximo mimo, poniendo  atención en todos los pequeños detalles, que al final son los que marcan la diferencia y lo que, en cinco lustros, ha hecho posible situar a la marca entre las primeras de España, lo que es un auténtico privilegio, conquistando y triunfando en un mercado cada vez más especializado y exigente, tanto nacional como extranjero.

No hay quinto malo

La llegada de la cosecha 2009, como una de las más privilegiadas de los últimos años en la Ribera del Duero, el cultivo en terrazas —un sistema de cultivo único en Ribera del Duero— de una parte de la finca de Pago de Carraovejas, para conseguir las mejores condiciones de sol y aire en suelos arcilloso-calcáreos y cuidado exquisito en su manejo  y la incorporación de  tinas de roble francés de grano extrafino, seleccionado especialmente para la bodega —como todas sus barricas— destinadas a las fermentaciones alcohólica y maloláctica, hacen de El Anejón de la Cuesta de las Liebres un vino elegantemente afrutado, carnoso, potente, muy equilibrado, sedoso en su paso por boca, con una presencia láctica inconfundible, complejo en su estructura y de un posgusto cautivador.

El Anejón de Cuesta de las Liebres gozará de la personalidad de los vinos de Pago de Carraovejas, caracterizados por una rigurosa selección de la uva limitando el rendimiento de las cepas.

Y es que esta bodega, ubicada en Peñafiel, a los pies de su histórico castillo, es rigurosa en cuanto a la aplicación de sistemas de control de todo el proceso, desde antes de la plantación a la barrica, controlando el viñedo y el proceso de elaboración, el embotellado y la temperatura hasta la distribución, para lo que está trabajando en varios proyectos de I+D+i.

Si en Ribera del Duero se permiten rendimientos de 7.000 kilos por hectárea, Pago de Carraovejas trabaja en torno a los 3.500 kilos. Desde un “terroir” único con las mejores condiciones para el cultivo de la vid y un manejo de la viña pensado en rendimientos muy bajos para conseguir la máxima calidad, seleccionan al máximo la materia prima, continuando con un cuidado escrupuloso en el proceso de elaboración, siempre por gravedad, la selección exclusiva de los robles para la elaboración y crianza —tanto en las tinas de madera como en las barricas—, y atendiendo y cuidando al máximo el delicado proceso de embotellado —igualmente por gravedad—, sin olvidar la exigencia máxima en las condiciones adecuadas.

Una obra en diez fases

La aventura comenzó cuando el hostelero José María Ruiz Benito apostó por este lugar con el fin de obtener un vino singular para acompañar al plato emblemático de su restaurante, como es su cochinillo, con Marca de garantía Cochinillo de Segovia.

Esta última etapa de ampliación de edificios se ha desarrollado a lo largo de 10 fases, ejecutadas en un 80%, desde 2003, bajo la dirección del estudio Amas4arquitectura con un diseño moderno, la bodega está plenamente adaptada al entorno, tanto para el área de elaboración, como el social y las dependencias de los trabajadores.

Con una inversión aproximada de 30 millones €, más del 50% se ha realizado en las últimas cuatro fases, entre 2008 y 2012, pese a tratarse de épocas complejas por la crisis económica. A falta de ejecutarse las dos últimas, las instalaciones de la bodega suman los 14.000 metros cuadrados, con unas 150 hectáreas de viñedos y una producción en torno a las 800.000 botellas al año.

La previsión de finalización de las obras se sitúa en el año 2014, con la inversión de 3 millones de euros más, para albergar, por una parte, las nuevas salas de crianza en barrica a una sola altura todas ellas y por otra, la gestión de residuos y el punto limpio y configurar toda la zona de gestión agrícola con la misma pulcritud que se trabaja en la bodega.

Asimismo, mantienen el compromiso con el desarrollo de la zona, basándose en criterios de responsabilidad social corporativa y manteniendo 40 empleos fijos que, en temporada, se sitúan en torno al centenar.