Guisantes con jamon

 

 

 

Un popular refrán español dice que del cerdo, hasta los andares, haciendo referencia a que de este animal se puede sacar partido en su integridad, algo que es completamente cierto. Pues bien, de todos los productos derivados del cerdo el jamón es, quizás, el más apreciado.

Con el jamón podemos establecer un símil bastante peculiar al del animal del que procede. Si del cerdo hasta los andares, del jamón, hasta los taquitos. La pata de jamón, sobre todo si es un buen ibérico, hay que aprovecharla al máximo, algo que obliga a usar su propia grasa exterior para cubrir el jamón en el tiempo que se consume y, por supuesto, comer en forma de taquitos la carne más pegada al hueso.

Hoy os proponemos una receta con taquitos de jamón, en concreto guisantes con jamón, aunque si prefieres cambiar de legumbre, puedes optar también por habas, pues el método de cocinado es muy similar. E incluso puedes sustituir estas leguminosas por alcachofas.

Ingredientes para preparar guisantes con jamón

Esta receta es muy sencilla de preparar y requiere ingredientes muy habituales en cualquier vivienda. Únicamente necesitaremos una cebolla mediana (aproximadamente 100 gramos), unos 300 gramos de guisantes, taquitos de Jamon Legado Ibérico y un poco de harina, aunque esto ya es al gusto. Otros ingredientes básicos son aceite de oliva, sal y pimienta.
Si lo deseamos, podemos añadir un huevo o picatostes de pan tostado, pero debemos tener en cuenta que esto aumenta el contenido calórico de la receta, especialmente en caso de incluir pan. La receta puede estar lista aproximadamente en media hora, o incluso menos si utilizamos guisantes ya cocidos.

Cómo es la preparación

En primer lugar ponemos a hervir los guisantes en agua con una pizca de sal. Si son frescos, con ocho minutos de hervor tendrán suficiente. En cambio, si son congelados, deben cocerse durante 10-12 minutos.

El siguiente paso es poner a sofreír la cebolla que habremos picado de manera fina en un poco de aceite de oliva. No es necesario añadir mucho aceite porque el propio jamón, que se incorpora en cuanto la cebolla pierde el color y se pone transparente, añade su propia grasa. A fuego medio dejamos que se rehoguen estos dos ingredientes y, pasados unos minutos, con cuidado de que no se queme la cebolla ni se dore en exceso el jamón, vertemos una puntita de harina y agua de la cocción de los guisantes.

Una vez esté todo ligado, incorporamos los guisantes a la sartén y dejamos que la propia temperatura consuma todo el agua. No debemos preocuparnos por los guisantes, pues ya están cocidos.

¿Qué ocurre si queremos añadir pan o huevo?

El momento de añadir el pan tostado es cuando se haya consumido casi por completo el agua, pues queremos que nos de un toque crujiente. Si incorporamos antes este ingrediente, puede ablandarse en exceso.

Con los huevos actuamos de manera diferente. En ese caso, los huevos irán cocidos, así que bastará con añadir suficiente agua hasta cubrir los guisantes y cascar tantos huevos como comensales van a disfrutar de este plato. Con 300 gramos de guisantes hay para cuatro personas.

El punto de cocción del huevo depende del gusto de los comensales. Hay quien prefiere tomar el huevo solo con la clara cocida y la yema aún líquida mientras que otros apuestan más por un exceso de cocción del huevo.

Debemos tener esto en cuenta porque la receta ha de tomarse a modo de salteado, no un guiso con exceso de caldo. Otra alternativa, aunque esta sí que es menos recomendable por el exceso de calorías, es acompañar con un huevo frito estos guisantes con jamón.

¿Cuándo tomar guisantes con jamón?

La receta admite muchas variantes. Así, hay quien añade también al sofrito de cebolla un poco de ajo, o puerro. O en lugar de utilizar jamón, opta por embutidos como caña de lomo. En cualquier caso, lo importante es que se trata de una receta ligera, ideal para las cenas y almuerzos rápidos, que se prepara con gran facilidad y que permite sacar partido de esas partes del jamón menos “aprovechables”.

Por otra parte, una vez hemos concluido con toda la carne de un buen jamón ibérico, el aprovechamiento del mismo no acaba ahí, pues el propio hueso puede servir para hacer caldos que serán útiles en las croquetas o en guisos variados. Del cerdo, hasta los andares; y del jamón, hasta el hueso.