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L’Ariège es un departamento
del sur de Francia donde uno se encuentra como si no hubiera cruzado
frontera. L’Ariège es el sur de Francia por cuestiones políticas pero
por tradición y talante sureño es el norte de Cataluña; ya que el
Bergadá, la Cerdanya y L’Alt Urgell fueron tierras de paso y estancia
de los cátaros en los siglos XI y XII.
Durante años, los señores de
L’Ariège lucharon contra el rey francés y éste al fin venció
aniquilando a los cátaros. Pero la historia hace justicia y las gentes de
L’Ariège no han olvidado sus raíces.
Siguiendo la ruta cátara,
podemos disfrutar de paisajes espléndidos. Nuestra primera parada es
visitar Montsegur, capital de la iglesia cátara, castillo de vértigo por
su situación. Durante 11 meses fue sitiado por Simón de Monfort y es el
lugar donde sufrieron martirio los cátaros allí refugiados.
Quién escribe, cuando subió
la montaña hacia el castillo llegó a la puerta del mismo casi sin
aliento, pero cuál fue la sorpresa que al traspasar el umbral (y nadie me
había contado nada), la respiración volvió a la normalidad sin más.
Como si llevara allí mucho tiempo; luego me contaron que Montsegur es mágico;
tal como lo viví lo cuento y que cada cuál crea lo más conveniente.
Otro de los castillos dignos
de visitar, no por lo que queda de él, sino por la vista del paisaje y
sobre todo porque parece tallado en la misma roca es el de Roquefixade.
Foix es otro de los castillos
donde se defendió el catarismo. Construido sobre un peñasco hacia el año
1000 está en la confluencia del Arget y de L’Ariège. Sus murallas
siguen el relieve accidentado dominando la ciudad con sus tres torres. Es
digno de visitar al igual que la ciudad de Foix donde se encuentran
lugares muy agradables. A seis kilómetros de Foix se encuentra el río
subterráneo de Laboniche. La visita se efectúa en barco a 60 metros bajo
tierra durante 1 kilómetro y a una temperatura de 13 grados. Si el
viajero quiere disfrutar sentado en una plaza y pensar que el tiempo se ha
detenido que lo haga en Mirefoix; al lado de la plaza se puede visitar la
iglesia de más anchura que existe junto con la Catedral de Gerona.
Cerca de Tarascon es obligado
visitar el Parque del Arte Prehistórico, lugar donde se descubre y se
entiende la vida cotidiana de nuestros antepasados. Un lugar agradable
para pasar un buen día y para completarlo es una buena opción el
degustar los platos típicos de la zona en el restaurante del mismo
parque.
L’Ariège nos ofrece más de
300 kilómetros de ríos, lagos y estanques que permiten disfrutar de un
paisaje verde y relajante. Posee también una naturaleza salvaje compuesta
de cimas y de valles recónditos para perderse en unas vacaciones. Además
es el lugar ideal para el viajero que busca emociones intensas y
sensaciones fuertes. Paraíso
para los paseantes que quieran dejarse seducir
por una tierra de naturaleza y de placer.
La fauna y la flora están
estrechamente mezcladas. Es frecuente ver aves borrachas de frescas
gencianas juguetear en primavera o una lenta progresión de marmotas
abotargadas en su largo sueño de invierno.
En cuanto a la gastronomía
decir que L’Ariège es a la vez rústica y refinada y se caracteriza por
su simplicidad ya que sus productos de la tierra deben su sabor al sol y
al aire de las montañas. Hay que destacar diversos platos como l’azinat:
especie de potaje del que todos los pueblos tienen una especialidad: la
montjetada o cassoulet ariégeois el cuál debe su encanto en parte al
placer y la atención con que se prepara; la croustade, milhojas rellenas
de manzana: el Millas, postre a base de harina de maíz y de trigo amasado
el día de la matanza del cerdo.
En cuanto a los deportes decir
que el Valle de Ax, el
Donezan, el Alto Valle de Massat y Tarascón
poseen innumerables lugares donde poder practicar deportes como los vuelos
en parapente, en ultra ligeros o en ala delta, encontrando en la zona
escuelas donde aprender a practicar estos deportes. También se puede
disfrutar con la bici de montaña una
actividad de naturaleza por excelencia, siendo éste un excelente medio
para descubrir L’Ariège profunda, sus gentes y su cultura. Y por
supuesto practicar el senderismo, pero eso sí, con calzado adecuado por
lo abrupto del terreno.
Los más tranquilos también
pueden relajarse y “cargar pilas” en los centros termales como el de
AX-LES TERMES que adquirieron su reputación en la época romana por sus
propiedades curativas de las enfermedades del aparato circulatorio y de
todo tipo de reumatismos y ello gracias a su riqueza en elementos
naturales. El centro termal de LADRES
permite también a los paseantes
que pasan por el lugar refrescar sus piernas en el transcurso de
una excursión, siendo estas aguas conocidas por ser las de mayor
temperatura de todos los Pirineos. Resumiendo decir que todos estos
centros termales poseen un “savoir faire” que proviene de una larga
tradición para dar al viajero la tranquilidad, la paz y el sosiego en
plena naturaleza.
Texto y Fotos: PILAR CEBADA.
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